Pequeños cambios y grandes transformaciones en el sector de la energía

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Pequeños cambios y grandes transformaciones en el sector de la energía

El Pacto Verde Europeo, presentado a finales de 2019 marcará el futuro de nuestra sociedad y de nuestra economía. Europa ha marcado la hoja de ruta de aquí al 2050, con el claro objetivo de alcanzar la neutralidad climática. Y para ello, uno de los retos es descarbonizar el sector de la energía. Día a día, se observan señales de esta transformación que, como consecuencia de la pandemia y las políticas de reactivación económica puestas en marcha, se ha acelerado y lo hará más en un futuro muy próximo.

En cuanto al mercado energético, las energías renovables están acaparando la atención de empresas, inversores; aumenta la investigación y el desarrollo de soluciones innovadoras y el vehículo eléctrico es ya una realidad. Como parte de este cambio, el próximo 1 de junio entrará en vigor la modificación de la factura de la luz a todos los consumidores bajo tarifa regulada (PVPC). De acuerdo a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) el objetivo de este cambio es incentivar el consumo eficiente de la electricidad y que el consumidor tenga un papel más protagonista en la descarbonización, dado que la factura dependerá de cuándo se consume, y con ello incentivará el ahorro al trasladar el consumo a las “horas valle”. En resumen, el precio de la electricidad variará en función de cuándo se utilice, y será más barata entre las doce de la noche y las siete de la mañana, y más cara entre las 10 de la mañana y la una del mediodía y entre las seis y las nueve de la tarde.

Este cambio supondrá, de acuerdo a la CNMC, un ahorro mínimo del 3,4% para los consumidores bajo la tarifa PVPC (regulada). En principio, tiene sentido que el precio de la energía varíe en función de la demanda y poder pagar menos por la factura en horas de menor demanda, incentivando así la eficiencia en el consumo.

No obstante, la propuesta tiene limitaciones. En primer lugar, la propuesta no beneficia a todos los consumidores y no todos los consumidores (que pueden beneficiarse) tienen capacidad para desplazar el consumo a las horas valle. En segundo lugar, el papel relevante que se le quiere dar al consumidor en la descarbonización es en cierta manera limitada, ya que no tiene poder real en un mercado de precios regulados, y en el que no existe una verdadera competencia que permita elegir proveedor en base a precios y servicios.

Se ofrece al ciudadano la posibilidad de modificar sus hábitos (y el contrato de potencia) en base a un nuevo contrato, que por otra parte, no es nada sencillo. Al contrario, el nuevo sistema establece más componentes del precio, más precios posibles por tramo horario y con ello mayor confusión entre los usuarios.

Para que el ciudadano adopte un verdadero rol protagonista en el mercado de la energía es necesaria una transformación profunda del mercado energético, tal y como lo conocemos hoy en día y en el que el consumidor asume un rol pasivo en el que solamente paga el precio establecido (y sobre el que ahora se introduce cierta flexibilidad). Sobre todo esto tuvimos oportunidad de hablar y debatir con expertos del sector el pasado 12 de mayo en la  jornada sobre comunidades energéticas organizada por la Cámara de Comercio. Vimos cómo, en su hoja de ruta, Europa otorga al ciudadano un papel protagonista en la transición hacia un nuevo modelo energético como recoge en las directivas del mercado interno de la electricidad y de las energías renovables. Esto supone pasar de un sistema en el que el consumidor paga, en base a un sistema de precios ahora variable, pero sobre los que sigue sin tener capacidad de influencia, a otro en el que es productor, gestor, distribuidor del consumo y, por tanto, con capacidad para obtener soluciones de consumo más eficientes.

Para algunos países, como Alemania o Dinamarca, esto no es nuevo. En otros, como España será necesario transponer las directivas europeas para dar cabida a esta figura y pasar realmente a un modelo en el que el ciudadano asuma verdaderamente un papel relevante en la descarbonización. Para ello, será necesario facilitar la transición a este nuevo modelo y la convivencia con el actual. En función de la forma en la que sea implementado, esta nueva fórmula permitiría reducir buena parte de los costes fijos que ahora suponen la factura final.

Además, este nuevo modelo va de la mano de desarrollos en el ámbito de la digitalización. La mejor gestión de la energía que consumimos (y de la podemos ya también producir) pasa por contar con herramientas digitales, que ofrezcan información de precios y consumo en tiempo real permitiendo así la toma de decisiones inteligentes.

Este cambio puede suponer grandes oportunidades de inversión y empleo que debemos aprovechar, por su efecto en el medio plazo pero también como recurso de recuperación frente a la crisis de la covid-19.